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Cuando poner límites se siente como traicionar a los demás

  • Foto del escritor: Jesus Gomez Frye
    Jesus Gomez Frye
  • 24 jul
  • 4 min de lectura

Hay un momento que muchas mujeres autistas describen después de comprender su diagnóstico, no ocurre el día en que reciben el informe clínico, ocurre semanas o meses después, cuando intentan hacer algo aparentemente sencillo.

Dicen:

"Hoy no puedo, prefiero descansar."

"Necesito estar sola, no quiero ir."

Y entonces aparece una emoción inesperada, no es alivio, es culpa. Una culpa tan intensa que muchas terminan retirando el límite que acababan de poner, aceptan el favor,  van a la reunión, cambian nuevamente sus planes.

No porque realmente quieran hacerlo, sino porque sentirse culpables parece aún más difícil.


Cuando ser "la niña buena" se convierte en una identidad


Muchas mujeres autistas crecieron creyendo que el cariño debía ganarse, no necesariamente porque alguien se los dijera de forma explícita, sino porque aprendieron que ser auténticas tenía consecuencias.

Cuando hablaban demasiado sobre sus intereses, eran corregidas, cuando necesitaban retirarse por el ruido, parecían exageradas, cuando no comprendían las reglas sociales implícitas, eran vistas como "raras", "frías" o "mal educadas".

Con el tiempo apareció una estrategia silenciosa: ser dóciles, no discutir, no incomodar, no pedir demasiado.

Convertirse en esa persona que siempre ayuda, siempre comprende y siempre está disponible, desde fuera podía parecer una personalidad, pero, en realidad, muchas veces era una adaptación.



El people pleasing rara vez nace de la bondad únicamente


Existe la idea de que las personas complacientes simplemente son muy generosas, pero en muchas mujeres autistas el fenómeno es bastante más complejo. El llamado people pleasing o la necesidad de complacer a los demás suele estar relacionado con la necesidad de mantener la seguridad en las relaciones, no se trata únicamente de querer agradar, muchas veces se trata de evitar el rechazo, de evitar conflicto, impedir que alguien se enfade, de conservar vínculos que durante años parecieron frágiles o difíciles de construir.

Cuando una persona ha experimentado repetidas situaciones de exclusión social, críticas o malentendidos, el cerebro aprende rápidamente qué conductas disminuyen ese riesgo, complacer puede convertirse en una estrategia de protección, no porque sea saludable, sino porque alguna vez funcionó.


La culpa no siempre significa que estés haciendo algo malo


Una de las confusiones más frecuentes es creer que sentir culpa demuestra que hemos actuado incorrectamente, pero las emociones no siempre son evidencia de la realidad, a veces son evidencia de nuestra historia.

Si durante treinta o cuarenta años aprendiste que decir "no" era peligroso, es completamente esperable que tu sistema nervioso reaccione con alarma cuando empiezas a hacerlo. La culpa aparece porque tu cerebro interpreta ese cambio como una posible amenaza para el vínculo, no porque realmente estés dañando a alguien.

En otras palabras: la culpa puede ser el eco de antiguas experiencias, no un indicador de que estés equivocándote.


El duelo de dejar de ser quien los demás esperaban


Poner límites no solo transforma la relación con una misma, también modifica la forma en que los demás nos perciben, hay personas que celebrarán ese cambio, pero otras no.

No porque seas diferente, sino porque estaban acostumbradas a una versión de ti que siempre decía que sí y eso puede doler.

Es normal sentir tristeza cuando descubres que algunas relaciones dependían más de tu disponibilidad constante que de un respeto mutuo, ese descubrimiento forma parte del duelo que muchas mujeres viven después del diagnóstico. El duelo por la persona que tuvieron que construir para ser aceptadas.


El cuerpo también necesita aprender que ahora está a salvo


Comprender intelectualmente que tienes derecho a poner límites no significa que el cuerpo lo sienta de inmediato, después de años de masking, el sistema nervioso puede seguir respondiendo con ansiedad cada vez que priorizas tus necesidades.

Es posible que aparezcan pensamientos como:

"Seguro se molestó."

"Ahora va a dejar de hablarme."

"Debí haber aceptado."

Antes de creerles, intenta hacer una pausa.

Pregúntate:

¿Estoy respondiendo a lo que está ocurriendo hoy o a lo que aprendí que podía ocurrir hace muchos años?

La diferencia puede cambiar profundamente la manera en que interpretas esa culpa.

Empezar con límites pequeños también es autocuidado


No es necesario transformar toda tu vida en una semana, a veces los cambios más importantes comienzan con acciones muy sencillas.

Puedes darte permiso para responder un mensaje más tarde, decir: "Necesito revisarlo y te aviso". Cancelar un compromiso cuando realmente estás sobrecargada. Pedir unos minutos de silencio, no justificar cada decisión.

Descansar sin sentir que primero debes ganártelo. Cada uno de esos pequeños gestos envía una nueva información a tu sistema nervioso:

"Puedo cuidarme y el mundo no se derrumba."

Con el tiempo, esa experiencia repetida ayuda a disminuir la intensidad de la culpa.


Elegirte no significa dejar de querer a los demás


Quizá este sea uno de los aprendizajes más difíciles, priorizarte no te convierte en una persona egoísta, los límites no reducen el amor, reducen el agotamiento. No destruyen las relaciones sanas, las hacen más honestas.

Porque cuando una mujer autista deja de vivir únicamente para responder a las expectativas ajenas, comienza a construir vínculos donde también hay espacio para sus necesidades y eso no es egoísmo, es reciprocidad.


Una vida menos perfecta, pero más auténtica


El masking suele prometer aceptación, pero muchas veces la consigue a costa del bienestar.

Aprender a poner límites implica aceptar que algunas personas quizá se decepcionen, que otras no comprendan tus necesidades, que algunas relaciones cambien.

Sin embargo, también abre la posibilidad de algo profundamente reparador: ser querida sin tener que esconder quién eres.

Tal vez esa sea una de las formas más profundas de libertad, no convertirte en alguien diferente, sino dejar de esforzarte tanto por parecer alguien que nunca fuiste.

Si hoy poner un límite te hace sentir culpable, recuerda esto:

La culpa no siempre es una señal de que estás siendo injusta, a veces es la prueba de que estás rompiendo un patrón que tu sistema nervioso aprendió para sobrevivir y romper patrones antiguos nunca se siente cómodo al principio, pero, con el tiempo, cada límite respetado se convierte en una conversación silenciosa contigo misma.

Una conversación que dice:

"Ya no necesito desaparecer para merecer amor."

"Mi bienestar también tiene un lugar."

"Yo también pertenezco a mi propia vida."


Referencias


  • Cage, E., & Troxell-Whitman, Z. (2019). c. Journal of Autism and Developmental Disorders.

  • Hull, L., Petrides, K. V., Allison, C., et al. (2017). "Putting on My Best Normal": Social Camouflaging in Adults with Autism Spectrum Conditions. Journal of Autism and Developmental Disorders.

  • Botha, M., & Frost, D. M. (2020). Extending the Minority Stress Model to Understand Mental Health Problems Experienced by Autistic People. Society and Mental Health.

 
 
 

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