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Autismo en mujeres y trastornos de la conducta alimentaria: una relación invisibilizada

  • Foto del escritor: Jesus Gomez Frye
    Jesus Gomez Frye
  • hace 1 día
  • 4 Min. de lectura

Durante muchos años, los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) fueron entendidos principalmente desde modelos centrados en la presión estética, la cultura de la delgadez o la regulación emocional. Sin embargo, en la última década, la investigación ha comenzado a revelar una relación significativa entre los TCA y el autismo, especialmente en mujeres autistas.

Esta conexión ha permanecido durante mucho tiempo invisibilizada por dos factores principales: el subdiagnóstico del autismo en mujeres y la tendencia de los profesionales a interpretar los síntomas alimentarios sin explorar el perfil neurodivergente subyacente. Hoy sabemos que muchas mujeres reciben primero un diagnóstico de anorexia, bulimia o trastorno alimentario evitativo/restrictivo antes de descubrir que también están dentro del espectro autista.

Comprender esta relación no solo es relevante para mejorar los tratamientos, sino también para ofrecer una mirada más compasiva, neuroafirmativa y contextualizada de las experiencias de muchas mujeres.


Evidencia científica: una relación más frecuente de lo que se pensaba


Diversos estudios han encontrado una alta prevalencia de rasgos autistas en personas con anorexia nerviosa. Investigaciones lideradas por la psicóloga clínica Kate Tchanturia, del King's College London, sugieren que entre 20% y 35% de las mujeres con anorexia presentan rasgos autistas clínicamente significativos.

Asimismo, revisiones sistemáticas publicadas en revistas como Molecular Autism y European Eating Disorders Review han señalado que:

  • Las mujeres autistas presentan mayor riesgo de desarrollar TCA.

  • Los TCA en mujeres autistas suelen tener motivaciones diferentes a las observadas en poblaciones neurotípicas.

  • Los tratamientos tradicionales pueden ser menos efectivos si no consideran el perfil sensorial, cognitivo y social del autismo.

Esto sugiere que, en muchos casos, el trastorno alimentario no es simplemente una preocupación por el peso o la imagen corporal, sino que puede cumplir funciones regulatorias o adaptativas frente a las particularidades del funcionamiento autista.


Factores que explican esta relación


1. Hipersensibilidad sensorial


Uno de los rasgos frecuentes en el autismo es la sensibilidad sensorial aumentada. Las texturas, olores, temperaturas o combinaciones de alimentos pueden resultar intensamente desagradables o incluso abrumadoras.

Para muchas niñas y mujeres autistas:

  • ciertas texturas generan rechazo inmediato

  • algunos olores provocan náuseas

  • la mezcla de alimentos resulta intolerable

Esto puede derivar en una restricción alimentaria significativa.

En algunos casos, lo que inicialmente es una selectividad sensorial puede evolucionar hacia patrones compatibles con trastornos alimentarios, especialmente cuando la presión social o familiar aumenta.

El Trastorno de evitación/restricción de la ingesta de alimentos (ARFID) es particularmente frecuente en personas autistas.


2. Necesidad de control y predictibilidad


El mundo social suele ser impredecible y cognitivamente demandante para muchas mujeres autistas. La alimentación puede convertirse entonces en un espacio donde ejercer control.

Las reglas alimentarias pueden proporcionar:

  • estructura

  • previsibilidad

  • sensación de orden

  • reducción de ansiedad

Por ejemplo:

  • contar calorías

  • repetir los mismos alimentos

  • establecer horarios rígidos

  • evitar ciertos grupos de alimentos

Estas conductas no siempre nacen de la presión estética, sino de la necesidad de estabilidad cognitiva y emocional.


3. Alexitimia y regulación emocional


Muchas personas autistas presentan dificultades para identificar y describir emociones, fenómeno conocido como alexitimia.

La alexitimia puede dificultar:

  • reconocer hambre o saciedad

  • identificar estrés o ansiedad

  • expresar malestar emocional

Cuando las emociones no logran ser identificadas ni verbalizadas, el cuerpo puede convertirse en un lenguaje alternativo de expresión.

En algunos casos, la restricción alimentaria, los atracones o las purgas funcionan como formas indirectas de regular estados emocionales intensos.


4. Camuflaje social y agotamiento


Las mujeres autistas suelen desarrollar estrategias de camuflaje social (masking) para adaptarse a entornos neurotípicos.

Este esfuerzo constante implica:

  • monitorear el propio comportamiento

  • imitar conductas sociales

  • suprimir respuestas naturales

  • analizar continuamente las interacciones

Todo esto genera un alto gasto energético y emocional.

Los trastornos alimentarios pueden aparecer como una forma de:

  • recuperar sensación de control

  • canalizar angustia interna

  • responder al agotamiento crónico

Algunas investigaciones incluso sugieren que el burnout autista puede preceder o intensificar los síntomas alimentarios.


5. Presión social y deseo de pertenencia


Aunque el autismo suele asociarse con menor interés en normas sociales, muchas mujeres autistas sí perciben intensamente las expectativas sociales, especialmente durante la adolescencia.

En contextos donde la delgadez es valorada, algunas mujeres pueden adoptar conductas restrictivas para:

  • encajar socialmente

  • reducir el bullying

  • evitar comentarios sobre su cuerpo

  • compensar la sensación de ser “diferentes”

En estos casos, el trastorno alimentario puede convertirse en una estrategia de adaptación social.


¿Por qué muchos casos pasan desapercibidos?


Durante décadas, el autismo fue conceptualizado principalmente a partir de modelos masculinos. Esto provocó que muchas mujeres autistas fueran diagnosticadas tardíamente o no diagnosticadas.

Cuando aparece un TCA, los profesionales pueden centrarse únicamente en:

  • la conducta alimentaria

  • la imagen corporal

  • los factores familiares

sin explorar rasgos autistas como:

  • rigidez cognitiva

  • sensibilidad sensorial

  • dificultades sociales sutiles

  • patrones de intereses intensos

Esto puede conducir a tratamientos incompletos o poco efectivos.


Implicancias para el tratamiento


Reconocer la relación entre autismo y TCA tiene implicancias clínicas importantes.

Los tratamientos más efectivos para mujeres autistas suelen incluir:

Adaptaciones sensoriales

  • considerar texturas tolerables

  • introducir alimentos gradualmente

  • respetar sensibilidades sensoriales

Flexibilidad en objetivos

No siempre es útil imponer metas rígidas sin comprender la función del comportamiento alimentario.

Intervenciones en regulación emocional

Trabajar en:

  • identificación de emociones

  • interocepción

  • estrategias de regulación adaptativas

Enfoque neuroafirmativo

En lugar de intentar “normalizar” a la persona, el enfoque neuroafirmativo busca:

  • comprender el funcionamiento autista

  • reducir el masking innecesario

  • fortalecer la autocomprensión


Conclusión


La relación entre autismo en mujeres y trastornos de la conducta alimentaria nos recuerda algo fundamental: los síntomas no ocurren en el vacío.

Muchas conductas alimentarias que parecen desconectadas del autismo en realidad pueden ser intentos de:

  • regular un sistema nervioso sensible

  • encontrar estructura en un mundo impredecible

  • manejar emociones difíciles de identificar

  • sobrevivir al agotamiento del camuflaje social

Reconocer esta conexión permite pasar de una mirada centrada en el síntoma a una comprensión más profunda del contexto neurobiológico y emocional de la persona.

Para muchas mujeres, descubrir esta relación no solo cambia el enfoque del tratamiento, sino también la manera en que comprenden su propia historia.


Lecturas recomendadas


  • Girls and Women with Autism Spectrum Disorder — Sarah Hendrickx

  • Autism in Heels — Jennifer Cook

  • Investigaciones de Kate Tchanturia sobre autismo y anorexia

  • Artículos en Molecular Autism

 

 
 
 

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