Autismo en mujeres y trastornos de la conducta alimentaria: una relación invisibilizada
- Jesus Gomez Frye
- hace 1 día
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Durante muchos años, los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) fueron entendidos principalmente desde modelos centrados en la presión estética, la cultura de la delgadez o la regulación emocional. Sin embargo, en la última década, la investigación ha comenzado a revelar una relación significativa entre los TCA y el autismo, especialmente en mujeres autistas.
Esta conexión ha permanecido durante mucho tiempo invisibilizada por dos factores principales: el subdiagnóstico del autismo en mujeres y la tendencia de los profesionales a interpretar los síntomas alimentarios sin explorar el perfil neurodivergente subyacente. Hoy sabemos que muchas mujeres reciben primero un diagnóstico de anorexia, bulimia o trastorno alimentario evitativo/restrictivo antes de descubrir que también están dentro del espectro autista.
Comprender esta relación no solo es relevante para mejorar los tratamientos, sino también para ofrecer una mirada más compasiva, neuroafirmativa y contextualizada de las experiencias de muchas mujeres.
Evidencia científica: una relación más frecuente de lo que se pensaba
Diversos estudios han encontrado una alta prevalencia de rasgos autistas en personas con anorexia nerviosa. Investigaciones lideradas por la psicóloga clínica Kate Tchanturia, del King's College London, sugieren que entre 20% y 35% de las mujeres con anorexia presentan rasgos autistas clínicamente significativos.
Asimismo, revisiones sistemáticas publicadas en revistas como Molecular Autism y European Eating Disorders Review han señalado que:
Las mujeres autistas presentan mayor riesgo de desarrollar TCA.
Los TCA en mujeres autistas suelen tener motivaciones diferentes a las observadas en poblaciones neurotípicas.
Los tratamientos tradicionales pueden ser menos efectivos si no consideran el perfil sensorial, cognitivo y social del autismo.
Esto sugiere que, en muchos casos, el trastorno alimentario no es simplemente una preocupación por el peso o la imagen corporal, sino que puede cumplir funciones regulatorias o adaptativas frente a las particularidades del funcionamiento autista.
Factores que explican esta relación
1. Hipersensibilidad sensorial
Uno de los rasgos frecuentes en el autismo es la sensibilidad sensorial aumentada. Las texturas, olores, temperaturas o combinaciones de alimentos pueden resultar intensamente desagradables o incluso abrumadoras.
Para muchas niñas y mujeres autistas:
ciertas texturas generan rechazo inmediato
algunos olores provocan náuseas
la mezcla de alimentos resulta intolerable
Esto puede derivar en una restricción alimentaria significativa.
En algunos casos, lo que inicialmente es una selectividad sensorial puede evolucionar hacia patrones compatibles con trastornos alimentarios, especialmente cuando la presión social o familiar aumenta.
El Trastorno de evitación/restricción de la ingesta de alimentos (ARFID) es particularmente frecuente en personas autistas.
2. Necesidad de control y predictibilidad

El mundo social suele ser impredecible y cognitivamente demandante para muchas mujeres autistas. La alimentación puede convertirse entonces en un espacio donde ejercer control.
Las reglas alimentarias pueden proporcionar:
estructura
previsibilidad
sensación de orden
reducción de ansiedad
Por ejemplo:
contar calorías
repetir los mismos alimentos
establecer horarios rígidos
evitar ciertos grupos de alimentos
Estas conductas no siempre nacen de la presión estética, sino de la necesidad de estabilidad cognitiva y emocional.
3. Alexitimia y regulación emocional
Muchas personas autistas presentan dificultades para identificar y describir emociones, fenómeno conocido como alexitimia.
La alexitimia puede dificultar:
reconocer hambre o saciedad
identificar estrés o ansiedad
expresar malestar emocional
Cuando las emociones no logran ser identificadas ni verbalizadas, el cuerpo puede convertirse en un lenguaje alternativo de expresión.
En algunos casos, la restricción alimentaria, los atracones o las purgas funcionan como formas indirectas de regular estados emocionales intensos.
4. Camuflaje social y agotamiento
Las mujeres autistas suelen desarrollar estrategias de camuflaje social (masking) para adaptarse a entornos neurotípicos.
Este esfuerzo constante implica:
monitorear el propio comportamiento
imitar conductas sociales
suprimir respuestas naturales
analizar continuamente las interacciones
Todo esto genera un alto gasto energético y emocional.
Los trastornos alimentarios pueden aparecer como una forma de:
recuperar sensación de control
canalizar angustia interna
responder al agotamiento crónico
Algunas investigaciones incluso sugieren que el burnout autista puede preceder o intensificar los síntomas alimentarios.
5. Presión social y deseo de pertenencia
Aunque el autismo suele asociarse con menor interés en normas sociales, muchas mujeres autistas sí perciben intensamente las expectativas sociales, especialmente durante la adolescencia.
En contextos donde la delgadez es valorada, algunas mujeres pueden adoptar conductas restrictivas para:
encajar socialmente
reducir el bullying
evitar comentarios sobre su cuerpo
compensar la sensación de ser “diferentes”
En estos casos, el trastorno alimentario puede convertirse en una estrategia de adaptación social.
¿Por qué muchos casos pasan desapercibidos?
Durante décadas, el autismo fue conceptualizado principalmente a partir de modelos masculinos. Esto provocó que muchas mujeres autistas fueran diagnosticadas tardíamente o no diagnosticadas.
Cuando aparece un TCA, los profesionales pueden centrarse únicamente en:
la conducta alimentaria
la imagen corporal
los factores familiares
sin explorar rasgos autistas como:
rigidez cognitiva
sensibilidad sensorial
dificultades sociales sutiles
patrones de intereses intensos
Esto puede conducir a tratamientos incompletos o poco efectivos.
Implicancias para el tratamiento
Reconocer la relación entre autismo y TCA tiene implicancias clínicas importantes.
Los tratamientos más efectivos para mujeres autistas suelen incluir:
Adaptaciones sensoriales
considerar texturas tolerables
introducir alimentos gradualmente
respetar sensibilidades sensoriales
Flexibilidad en objetivos
No siempre es útil imponer metas rígidas sin comprender la función del comportamiento alimentario.
Intervenciones en regulación emocional
Trabajar en:
identificación de emociones
interocepción
estrategias de regulación adaptativas
Enfoque neuroafirmativo
En lugar de intentar “normalizar” a la persona, el enfoque neuroafirmativo busca:
comprender el funcionamiento autista
reducir el masking innecesario
fortalecer la autocomprensión
Conclusión
La relación entre autismo en mujeres y trastornos de la conducta alimentaria nos recuerda algo fundamental: los síntomas no ocurren en el vacío.
Muchas conductas alimentarias que parecen desconectadas del autismo en realidad pueden ser intentos de:
regular un sistema nervioso sensible
encontrar estructura en un mundo impredecible
manejar emociones difíciles de identificar
sobrevivir al agotamiento del camuflaje social
Reconocer esta conexión permite pasar de una mirada centrada en el síntoma a una comprensión más profunda del contexto neurobiológico y emocional de la persona.
Para muchas mujeres, descubrir esta relación no solo cambia el enfoque del tratamiento, sino también la manera en que comprenden su propia historia.
Lecturas recomendadas
Girls and Women with Autism Spectrum Disorder — Sarah Hendrickx
Autism in Heels — Jennifer Cook
Investigaciones de Kate Tchanturia sobre autismo y anorexia
Artículos en Molecular Autism



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