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Disociación en mujeres autistas como método de autoprotección

  • Foto del escritor: Jesus Gomez Frye
    Jesus Gomez Frye
  • 2 ene
  • 3 Min. de lectura

Muchas mujeres autistas viven experiencias difíciles de nombrar: sensación de irrealidad, desconexión del cuerpo, recuerdos borrosos o la impresión de estar “funcionando en automático”. Con frecuencia, estas vivencias se interpretan únicamente como ansiedad, trauma o agotamiento emocional. Sin embargo, en el contexto del autismo, la disociación puede cumplir una función específica y profundamente adaptativa: proteger al sistema nervioso frente a la sobrecarga y el daño emocional.


Esta entrada busca explicar qué es la disociación en mujeres autistas, por qué aparece con tanta frecuencia, cómo se relaciona con el masking, el trauma y el diagnóstico tardío, y de qué manera puede comprenderse desde una mirada clínica y compasiva.


¿Qué es la disociación?


La disociación es un mecanismo neuropsicológico mediante el cual la mente se separa parcial o temporalmente de la experiencia presente para reducir el impacto del estrés extremo. Puede manifestarse como:


  • Sensación de estar desconectada del cuerpo (despersonalización).

  • Vivir el entorno como irreal o distante (desrealización).

  • Dificultad para acceder a emociones o recuerdos.

  • Funcionamiento automático, sin registro interno.

  • “Apagones” emocionales o mentales ante la sobrecarga.


Lejos de ser un fallo, la disociación es una respuesta de supervivencia del sistema nervioso, especialmente cuando otras formas de regulación no están disponibles.


¿Por qué la disociación es frecuente en mujeres autistas?


1. Sobrecarga sensorial crónica

Las mujeres autistas suelen experimentar hipersensibilidad sensorial desde edades tempranas. Cuando el entorno es constantemente invasivo —ruidos, luces, contacto social, demandas emocionales— y no existe la posibilidad de escapar o regularse, el sistema nervioso puede optar por desconectarse.

La disociación aparece entonces como una vía de protección frente a una estimulación que resulta intolerable.


2. Masking prolongado y autoanulación

El masking constante implica inhibir respuestas naturales, emociones, movimientos y necesidades. Con el tiempo, esta desconexión externa puede transformarse en desconexión interna.

Muchas mujeres autistas no disocian solo frente a eventos traumáticos puntuales, sino frente a la vida cotidiana: reuniones sociales, trabajo, vínculos exigentes o roles de cuidado.


3. Trauma relacional y microtraumas repetidos

No todas las mujeres autistas han vivido eventos traumáticos “clásicos”. Sin embargo, muchas han atravesado:

  • Invalidación emocional persistente.

  • Bullying o exclusión social.

  • Gaslighting respecto a su percepción.

  • Exigencias desproporcionadas para su capacidad sensorial y emocional.

Estos microtraumas acumulativos, especialmente en la infancia, pueden generar respuestas disociativas complejas.


4. Diagnóstico tardío y falta de comprensión

Crecer sin entender por qué el mundo resulta tan abrumador puede generar una sensación constante de peligro interno. La ausencia de apoyos adecuados refuerza la idea de que “el problema soy yo”, favoreciendo estrategias de desconexión como forma de autoprotección.

 

Cómo se manifiesta la disociación en mujeres autistas


La disociación en mujeres autistas no siempre es evidente. Algunas señales frecuentes incluyen:


  • Dificultad para identificar necesidades corporales (hambre, cansancio, dolor).

  • Sensación de vivir desconectada de la propia historia.

  • Problemas de memoria episódica.

  • Emociones planas o inaccesibles.

  • Colapsos repentinos tras periodos de aparente funcionalidad.

  • Uso excesivo de la racionalización para evitar sentir.

En muchos casos, estas señales se confunden con frialdad emocional, depresión o falta de interés, cuando en realidad reflejan un sistema nervioso en modo protección.

 

Disociación, burnout autista y salud mental


La evidencia clínica sugiere que la disociación sostenida está estrechamente relacionada con:

  • Burnout autista.

  • Trastornos de ansiedad.

  • Depresión resistente al tratamiento.

  • Síntomas psicosomáticos.

Cuando la disociación se mantiene en el tiempo, puede dificultar la identificación temprana del agotamiento, llevando a colapsos más intensos y prolongados.

 

Comprender la disociación desde una mirada neuroafirmativa


Desde una perspectiva informada en neurodiversidad, la disociación no debe abordarse como algo que hay que “eliminar”, sino como una señal de que algo ha sido demasiado durante demasiado tiempo.


Algunas claves terapéuticas incluyen:

  • Priorizar la seguridad sensorial y emocional.

  • Trabajar la reconexión corporal de forma gradual.

  • Validar la función protectora de la disociación.

  • Reducir el masking antes de intentar “sentir más”.

  • Adaptar las intervenciones al ritmo del sistema nervioso.

Forzar la conexión emocional sin seguridad previa puede resultar retraumatizante.

 

¿Es posible reducir la disociación?


Sí, pero no desde la exigencia. La disminución de la disociación suele aparecer cuando:

  • El entorno se vuelve más predecible y amable.

  • Las necesidades autistas son reconocidas y respetadas.

  • Se cuenta con apoyo terapéutico informado.

  • Se legitima el descanso, la soledad y la autorregulación.

La reconexión no es un evento, es un proceso.


La disociación en mujeres autistas no es una debilidad ni un trastorno aislado: es una estrategia de supervivencia frente a un mundo que muchas veces ha sido demasiado intenso, exigente o incomprensible.

Nombrarla con respeto permite dejar de luchar contra el propio cuerpo y comenzar a escuchar lo que el sistema nervioso ha estado intentando proteger durante años.


Sanar no siempre implica sentir más rápido, sino sentirse segura para volver.

 
 
 

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