“Necesito tiempos a solas, incluso de las personas que amo” Una necesidad neurobiológica
- Jesus Gomez Frye
- hace 4 días
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Para muchas personas, decir “necesito estar sola” viene acompañado de culpa. Culpa por no responder mensajes, por cancelar planes, por sentir cansancio después de encuentros agradables. Culpa por necesitar distancia incluso de quienes se ama profundamente.
Desde una mirada neuroafirmativa, esta culpa no nace de una carencia emocional, sino de una desconexión cultural entre cómo funcionan los cerebros y cómo se espera que funcionen los vínculos. La ciencia es clara: el tiempo a solas no es un rechazo al otro, sino una forma de autorregulación del sistema nervioso.
El sistema nervioso social: por qué vincular también agota
La interacción social activa lo que la neurociencia denomina el sistema nervioso social. Conversar, escuchar, interpretar gestos, modular respuestas emocionales y regular la expresión propia requiere un trabajo cerebral intenso.
Desde el punto de vista neurofisiológico:
La corteza prefrontal se mantiene activa para sostener normas sociales.
El sistema límbico evalúa constantemente seguridad, amenaza y pertenencia.
Se produce un gasto significativo de recursos atencionales y emocionales.
Incluso los vínculos seguros generan estimulación constante. El descanso no ocurre solo durmiendo, sino también reduciendo demandas externas. El tiempo a solas permite que el sistema nervioso pase de un estado de activación a uno de integración.
Esto no es evitación: es homeostasis.
Neurodivergencia y necesidad aumentada de recuperación
En personas neurodivergentes (autistas, altamente sensibles, con TDAH), esta necesidad de retiro suele ser mayor y más frecuente. La investigación muestra que:
Hay mayor sensibilidad sensorial y emocional.
El procesamiento social puede ser más consciente y menos automático.
El esfuerzo de adaptación constante (masking) incrementa la fatiga mental.
El camuflaje social —adaptarse para parecer “neurotípica”— ha sido ampliamente estudiado y se asocia a:
Mayor ansiedad basal.
Agotamiento crónico.
Mayor riesgo de burnout autista.
En este contexto, el tiempo a solas no es una preferencia de personalidad, sino una estrategia de supervivencia psicológica.

El error de interpretar la necesidad de espacio como desapego
Uno de los mayores conflictos relacionales surge cuando el espacio personal se interpreta como:
Falta de interés.
Frialdad emocional.
Rechazo o desamor.
Sin embargo, desde la teoría del apego adulto, los vínculos más seguros no son los más fusionados, sino aquellos donde existe:
Diferenciación del yo.
Capacidad de ir y volver.
Respeto por los ritmos individuales.
Winnicott describía la capacidad de estar solo como un signo de madurez emocional, no de aislamiento. Poder estar a solas sin perder el vínculo interno con el otro es una habilidad psicológica compleja.
La cercanía sostenida sin pausas no siempre fortalece; a veces desgasta.
Soledad elegida: un recurso de integración psicológica
La psicología distingue claramente entre aislamiento social no deseado y soledad elegida. Esta última se asocia a:
Mayor autoconciencia emocional.
Integración de experiencias internas.
Disminución de la sobrecarga cognitiva.
Mayor creatividad y claridad mental.
Estudios en psicología contemplativa y neurociencia afectiva muestran que el tiempo a solas:
Reduce la activación amigdalar.
Facilita el procesamiento emocional no verbal.
Permite reorganizar la experiencia vivida.
Para muchas personas neurodivergentes, la soledad elegida no es vacío, sino espacio interno.

Mujeres, socialización y la dificultad de pedir espacio
En mujeres, esta necesidad suele vivirse con mayor conflicto. La socialización femenina ha reforzado históricamente:
La disponibilidad emocional constante.
El cuidado del otro por sobre el autocuidado.
La idea de que poner límites es egoísmo.
En mujeres autistas o altamente sensibles, esto se intensifica:
Se aprende a “funcionar” a costa del desgaste interno.
Se minimizan las propias necesidades para sostener el vínculo.
El cansancio se interpreta como debilidad, no como señal.
Desde una perspectiva clínica, ignorar la necesidad de retiro suele preceder a crisis emocionales, no a vínculos más fuertes.
Decir “necesito estar sola” como acto de salud mental
Nombrar esta necesidad es un acto de autoafirmación neurodiversa. No implica dejar de amar, sino amar desde un lugar regulado.
Decirlo es reconocer:
Que el cuerpo tiene límites.
Que el amor no exige agotamiento.
Que la presencia genuina requiere descanso previo.
Regularse primero permite vincularse después.
Necesitar tiempos a solas, incluso de las personas que amamos, no es una contradicción emocional. Es una expresión honesta de cómo funciona el sistema nervioso humano, especialmente en cerebros neurodivergentes.
Desde una mirada neuroafirmativa, el bienestar no se construye negando las propias necesidades, sino integrándolas en los vínculos. El espacio personal no rompe relaciones: las hace habitables.
Fuentes científicas
Chevallier, C. et al. (2012). The Social Motivation Theory of Autism. Trends in Cognitive Sciences.
Hull, L. et al. (2017). Social Camouflaging in Autism. Journal of Autism and Developmental Disorders.
Russell, G. et al. (2020). Autistic Burnout. Autism in Adulthood.
Winnicott, D. W. (1958). The Capacity to Be Alone.
American Psychological Association. Social Interaction and Emotional Regulation.
Porges, S. (2011). The Polyvagal Theory.



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