Autismo femenino y comidas seguras: cuando comer también necesita sentirse seguro
- Jesus Gomez Frye
- hace 13 minutos
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Existe una relación con la comida de la que hablamos poco cuando hablamos de autismo en mujeres.
No siempre se trata de “ser mañosa”, de no querer probar alimentos nuevos o de tener una alimentación infantil. A veces, detrás de una lista aparentemente pequeña de alimentos aceptables existe un complejo sistema de regulación sensorial, previsibilidad, ansiedad, funciones ejecutivas y necesidad de seguridad.
Una de las expresiones más importantes de esta relación es el concepto de “comida segura”.
Una comida segura es aquella que sabemos que podemos comer sin enfrentarnos a una cantidad impredecible de estímulos. Es un alimento cuyo sabor conocemos, cuya textura podemos anticipar, cuyo olor toleramos y cuya preparación suele ser suficientemente predecible.
Para algunas mujeres autistas puede ser arroz blanco, una determinada marca de yogur, huevos preparados de una manera específica, pasta, papas, pan o algunas frutas.
Desde fuera puede parecer una elección arbitraria, para quien la come puede significar algo completamente diferente: “Sé que esto lo puedo tolerar.”
No es simplemente “ser quisquillosa”
Durante mucho tiempo, las dificultades alimentarias relacionadas con el autismo fueron estudiadas principalmente en niños. Sin embargo, estas dificultades pueden persistir durante la adolescencia y la adultez.
Investigaciones recientes han encontrado más dificultades relacionadas con la alimentación en adultos autistas, asociadas, entre otros factores, con la sensibilidad sensorial y la necesidad de mantener las cosas iguales. Esto resulta especialmente relevante cuando hablamos de mujeres.
Muchas mujeres autistas llegan a la adultez habiendo aprendido a ocultar sus necesidades. Aprendieron a comer lo que los demás comen, a tolerar determinadas situaciones sociales y a no llamar demasiado la atención sobre aquello que les resulta difícil.
También pueden haber aprendido a ignorar sus propias señales.
“Está rico”. “No me gusta mucho, pero puedo comerlo”. “Es una tontería que me moleste”. “Debería acostumbrarme”.
Así, algunas mujeres no identifican inmediatamente que sus dificultades alimentarias pueden estar relacionadas con el autismo, simplemente creen que son “especiales para comer”.
Cuando la comida se siente demasiado intensa
Una de las razones por las que determinados alimentos pueden convertirse en comidas seguras es la sensibilidad sensorial.
Textura
Para algunas personas, la textura puede ser incluso más importante que el sabor. Un alimento puede ser aceptable cuando está crujiente, pero insoportable cuando se vuelve blando. Una fruta puede tolerarse cuando está firme y generar rechazo cuando está demasiado madura, también puede ocurrir con las mezclas. Una persona puede comer arroz, verduras y carne por separado, pero rechazar un plato donde todos los ingredientes están mezclados, no necesariamente porque no le guste ninguno de ellos, la experiencia sensorial completa es diferente.
Olor
El olor también forma parte de la experiencia de comer. Un alimento puede resultar tolerable en casa y prácticamente imposible en un restaurante, donde se mezclan olores de diferentes comidas, perfumes, productos de limpieza y otras personas. Para alguien con una alta sensibilidad olfativa, esa acumulación puede resultar abrumadora.
Temperatura y apariencia
“Lo necesito frío”. “Está demasiado caliente”. “Así no me gusta”.
Son diferencias que pueden cambiar completamente la experiencia sensorial, también importan el color, la forma, la cantidad, la distribución en el plato e incluso la marca. Por eso, cambiar una marca habitual o presentar un alimento conocido de una manera diferente puede generar rechazo, no necesariamente porque la persona “no quiera probarlo”. Puede ser porque ya no se siente exactamente como el alimento que conocía.
La previsibilidad también alimenta
Quizás uno de los aspectos más importantes de las comidas seguras sea la previsibilidad.
Una comida segura es, muchas veces, una comida que sabemos cómo va a comportarse, sabemos cuánto sabor tendrá, qué textura encontraremos, cómo se sentirá al masticarla, qué aspecto tendrá. Sabemos que probablemente no habrá una sorpresa desagradable y todo esto para un sistema nervioso que puede experimentar determinados estímulos con mayor intensidad, esta previsibilidad puede ser profundamente reguladora.
Por eso, comer siempre lo mismo no necesariamente significa falta de imaginación o de interés.
A veces significa:
“Mi cuerpo necesita saber qué viene después.”
Cuando comer también sirve para regular
Las comidas seguras no siempre satisfacen únicamente una necesidad nutricional, también pueden cumplir una función de regulación. Después de un día lleno de ruido, conversaciones, decisiones, demandas sociales y esfuerzo de adaptación, elegir una comida conocida puede reducir considerablemente la carga mental.
No hay que decidir, no hay que experimentar, no hay que preguntarse si la textura será desagradable.
Simplemente sabemos: “Esto funciona.” Y después de un día difícil, eso puede ser muchísimo.
El agotamiento puede reducir los alimentos tolerados
Durante períodos de burnout, ansiedad o sobrecarga, la cantidad de alimentos tolerados puede disminuir. ño que antes era posible puede dejar de serlo. Además, preparar una comida requiere funciones ejecutivas: pensar qué comer, decidir, comprar, organizar los ingredientes, prepararlos, cocinar y limpiar. Cuando existe agotamiento, estas tareas pueden resultar abrumadoras.
Por eso, durante determinados períodos, una comida sencilla y conocida puede ser mucho más accesible que una comida nutricionalmente ideal pero difícil de preparar, esto no significa que la nutrición no importe, significa que la accesibilidad también forma parte de la alimentación.
¿Qué ocurre cuando las comidas seguras son muy pocas?
Tener algunas comidas seguras no significa automáticamente que exista un trastorno alimentario. Sin embargo, cuando la restricción se vuelve muy amplia y comienza a producir consecuencias nutricionales, dependencia de suplementos, dificultades sociales importantes o interferencia considerable con la vida cotidiana, es recomendable buscar una evaluación profesional.
Una posibilidad que puede considerarse es el trastorno evitativo/restrictivo de la ingesta de alimentos (ARFID). A diferencia de otros trastornos alimentarios, el ARFID no se caracteriza necesariamente por preocupación por el peso o la imagen corporal. Puede estar relacionado con características sensoriales, miedo a consecuencias negativas de comer o una falta marcada de interés por la alimentación.
Existe una relación relevante entre autismo y ARFID, aunque no toda persona autista con comidas seguras tiene este trastorno.
La idea fundamental es otra:
La restricción alimentaria intensa merece ser tomada en serio y no debería reducirse simplemente a “mañas”.
¿Hay que ampliar las comidas seguras?
A veces puede ser beneficioso ampliar la variedad alimentaria, especialmente cuando existen carencias nutricionales o una restricción importante. pero la forma de hacerlo importa.
Obligar a una persona a comer un alimento que le provoca una respuesta sensorial intensa puede aumentar la ansiedad y fortalecer la asociación entre comida y amenaza. Un enfoque respetuoso comienza por observar los alimentos que ya funcionan.
Por ejemplo:
“Me gusta el arroz blanco”.
En lugar de pensar inmediatamente:
“Tenemos que conseguir que coma verduras”.
Podemos preguntarnos:
¿Qué características del arroz resultan seguras?
¿La textura? ¿La temperatura? ¿El sabor neutro? ¿La ausencia de mezclas? ¿La previsibilidad?
A partir de esa información pueden explorarse, cuando la persona quiera y pueda hacerlo, pequeñas variaciones, no se trata de eliminar la comida segura, se trata de construir alrededor de ella.

Una mirada más amable hacia nuestras propias comidas
Podemos comenzar observando nuestra alimentación sin juzgarla.
Preguntarnos:
¿Qué alimentos me resultan seguros? ¿Qué características tienen en común? ¿Qué texturas tolero mejor? ¿Qué olores me resultan difíciles? ¿Qué ocurre con mi alimentación cuando estoy agotada? ¿Tengo alimentos fáciles de preparar para los días difíciles? ¿Puedo alimentarme suficientemente cuando estoy en burnout?
Estas preguntas no están destinadas a encontrar defectos, están destinadas a conocernos. Porque comprender nuestras necesidades puede ser mucho más útil que intentar obligarnos a funcionar como si no existieran.
Para tener en cuenta
Tener comidas seguras forma parte de la experiencia de muchas personas autistas y, por sí solo, no significa que exista un trastorno alimentario.
Sin embargo, si la alimentación está muy restringida, existen déficits nutricionales, pérdida o aumento importante de peso, dependencia de suplementos, miedo intenso a comer o la alimentación está interfiriendo significativamente con la vida cotidiana, es recomendable consultar con profesionales que conozcan tanto el autismo como las dificultades alimentarias.
La meta no debería ser conseguir que una mujer autista coma exactamente como una persona neurotípica.
La meta debería ser ayudarla a alimentarse de una manera suficiente, segura, sostenible y respetuosa con su neurodivergencia.
Fuentes
· Schröder, S. S. et al. (2022). Problematic eating behaviours of autistic women—A scoping review. European Eating Disorders Review.
· Bayoumi, S. C. et al. (2025). Food selectivity and eating difficulties in adults with autism and/or ADHD. Autism.
· Food and Nutrition in Autistic Adults: Knowledge Gaps and Future Perspectives (2025).
· The Co-Occurrence of Autism and Avoidant/Restrictive Food Intake Disorder (ARFID): A Prevalence-Based Meta-Analysis.
· Treatments for Eating Disorders in People with Autism Spectrum Disorder: A Scoping Review (2025).



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