Autismo femenino, cansancio acumulado y la exigencia de coherencia constante
- Jesus Gomez Frye
- 16 ene
- 3 Min. de lectura

Muchas mujeres autistas crecen con una sensación persistente de contradicción interna: “Antes podía con esto, ahora no”, “ayer quería compañía, hoy necesito silencio”, “lo que me calmaba ya no me alcanza”. Frente a estos cambios, suele aparecer una conclusión injusta y dolorosa: “soy inestable”.
Pero desde una mirada neuroafirmativa y científica, esta interpretación no solo es incorrecta, sino profundamente dañina. Que tus necesidades cambien no habla de inestabilidad emocional, sino de adaptación a un nivel de desgaste que ha ido aumentando con el tiempo.
El mito de la coherencia constante en las mujeres
A las mujeres se les exige una coherencia emocional casi permanente:
Ser constantes en lo que sienten.
Mantener los mismos límites.
No “cambiar de opinión”.
No “agotarse” si antes no lo estaban.
En mujeres autistas, esta exigencia se vuelve doblemente injusta. Se espera que:
Funcionen como si no fueran autistas.
Se adapten sin mostrar el costo.
Sean predecibles emocionalmente, aunque internamente estén desbordadas.
La coherencia externa se valora más que la coherencia interna.

El cansancio acumulado: lo que no se ve, pero pesa
El sistema nervioso no se reinicia cada día. El cansancio se acumula, especialmente cuando durante años se ha vivido en modo de adaptación constante.
La investigación en autismo femenino muestra que:
El desgaste no siempre es inmediato.
Muchas mujeres “funcionan” durante años antes de colapsar.
El cuerpo empieza a pedir límites que antes no eran necesarios.
Este cansancio acumulado puede manifestarse como:
Menor tolerancia sensorial.
Menor capacidad social.
Necesidad creciente de silencio, rutina o soledad.
Cambios en lo que antes resultaba regulador.
No es que antes no fueras autista “de verdad”. Es que antes estabas sobreviviendo.
Masking: cuando sostener una versión funcional agota
El masking o camuflaje social —especialmente frecuente en mujeres autistas— implica:
Observar y copiar normas sociales.
Regular constantemente la expresión emocional.
Minimizar incomodidades sensoriales.
Priorizar la comodidad ajena por sobre la propia.
La evidencia científica asocia altos niveles de masking con:
Fatiga crónica.
Ansiedad persistente.
Burnout autista.
Sensación de desconexión con una misma.
Con el tiempo, sostener esta máscara consume recursos internos. Cuando esos recursos disminuyen, las necesidades cambian. No por capricho, sino por agotamiento neurobiológico.
Un sistema nervioso cansado no puede responder igual que uno regulado.
Carga emocional invisible: sostener, anticipar, contener
Muchas mujeres autistas cargan además con una alta carga emocional relacional:
Anticipar necesidades ajenas.
Regular conflictos.
Ser mediadoras.
Contener emocionalmente a otros.
Esta carga, aunque silenciosa, tiene un costo enorme. La psicología reconoce que la regulación emocional sostenida hacia afuera reduce la capacidad de autorregulación interna. Cuando esta carga se vuelve excesiva:
Aparece la irritabilidad.
Se reduce la tolerancia al contacto.
Cambian los límites.
El cuerpo empieza a decir “no” donde antes decía “sí”.
Cambiar una necesidad no es fallar: es escuchar una señal tardía.
Autismo femenino y la falsa idea de inestabilidad
Desde fuera, estos cambios suelen interpretarse como:
Inconsistencia.
Falta de compromiso.
Inestabilidad emocional.
“Antes eras distinta”.
Desde dentro, muchas mujeres sienten vergüenza por no poder sostener lo mismo de siempre. Pero la ciencia es clara: la estabilidad no significa rigidez, y la flexibilidad no es un defecto.
En realidad, lo que cambia no es tu esencia, sino:
Tu nivel de energía.
Tu capacidad de compensación.
Tu margen de tolerancia.
Adaptarse a nuevas necesidades es un signo de conciencia corporal, no de debilidad.
Una mirada neuroafirmativa: cambiar es autorregularse
Desde el enfoque neuroafirmativo, entendemos que:
Las necesidades no son fijas.
El contexto importa.
El desgaste modifica los umbrales.
Escuchar al cuerpo es salud mental.
En mujeres autistas, aprender a respetar necesidades cambiantes suele ser el inicio del verdadero autocuidado, no su fracaso.
Decir:
“Ahora necesito más descanso”
“Ya no puedo sostener esto”
“Esto antes me servía, ahora no”
No es retroceder. Es dejar de exigirse funcionar a costa de tu persona..

Que tus necesidades cambien no significa que seas inestable. Significa que tu sistema nervioso está hablando después de años de adaptarse en silencio. En un mundo que exige coherencia constante a las mujeres, escuchar el propio cansancio es un acto profundamente contracultural.
Desde el autismo femenino, cambiar no es perder identidad: es recuperarla.
Fuentes científicas
Hull, L. et al. (2017). Social Camouflaging in Autism. Journal of Autism and Developmental Disorders.
Russell, G. et al. (2020). Autistic Burnout. Autism in Adulthood.
Lai, M.-C. et al. (2015). Sex/Gender Differences in Autism. The Lancet Psychiatry.
Bargiela, S. et al. (2016). The Experiences of Late-Diagnosed Women with Autism. Autism.
Porges, S. (2011). The Polyvagal Theory.
American Psychological Association. Chronic Stress and Emotional Load.



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