Sensibilidad emocional en mujeres autistas: una mirada neuroafirmativa
- Jesus Gomez Frye
- hace 4 días
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La sensibilidad emocional en mujeres autistas ha sido históricamente malinterpretada. Con frecuencia se la ha etiquetado como “hipersensibilidad”, “inestabilidad emocional” o incluso como rasgo de trastornos del estado de ánimo o de la personalidad. Sin embargo, la investigación contemporánea muestra que esta sensibilidad no es un defecto, sino el resultado de diferencias neurobiológicas en el procesamiento emocional, interoceptivo y sensorial, combinadas con factores sociales como el masking y las expectativas de género.
Comprender esta sensibilidad desde un enfoque neuroafirmativo permite dejar atrás la patologización y reconocerla como una forma distinta —y válida— de experimentar y procesar el mundo emocional.
¿Qué entendemos por sensibilidad emocional en el autismo?
La sensibilidad emocional puede manifestarse como:
Reacciones emocionales intensas ante estímulos aparentemente “menores”.
Mayor empatía afectiva (sentir profundamente el dolor o la emoción de otros).
Dificultades para identificar, nombrar o regular las propias emociones.
Saturación emocional rápida (emotional overwhelm).
Mayor vulnerabilidad al estrés emocional crónico.
Estas características no implican debilidad emocional, sino un sistema nervioso que procesa la información emocional y corporal de forma diferente.

Interocepción, emociones y autismo
La interocepción es la capacidad de percibir señales internas del cuerpo (latidos, respiración, tensión, hambre, activación fisiológica). Esta capacidad es clave para reconocer y regular emociones.
La evidencia científica muestra que en personas autistas:
Existen diferencias en la interocepción y en la claridad emocional.
Estas diferencias se asocian frecuentemente a la presencia de alexitimia (dificultad para identificar y describir emociones), más que al autismo en sí.
Un estudio de revisión y múltiples investigaciones han demostrado que:
Las dificultades emocionales en el autismo están fuertemente mediadas por la alexitimia, más que por el diagnóstico de autismo en sí.
Asimismo, se ha observado que:
Menor claridad emocional se asocia a mayor confusión interoceptiva.
Entrenar la conciencia corporal puede mejorar la regulación emocional.
Esto sugiere que muchas mujeres autistas no son “demasiado emocionales”, sino que experimentan emociones intensas con menor acceso consciente a las señales corporales que ayudan a interpretarlas y regularlas.
Sensibilidad emocional, sistema nervioso y procesamiento sensorial
La investigación también vincula la sensibilidad emocional con:
Mayor sensibilidad sensorial.
Mayor reactividad fisiológica al estrés.
Procesamiento más intenso de estímulos sociales y emocionales.
La literatura muestra que rasgos como el trastorno del procesamiento sensorial y la reactividad emocional están relacionados con dificultades en la evaluación emocional y con mayor intensidad afectiva.
Esto significa que muchas mujeres autistas no solo procesan más información sensorial, sino también más carga emocional asociada a esa información.
El rol del masking y las expectativas de género
En mujeres, la sensibilidad emocional se ve amplificada por factores sociales:
Masking emocional constante (ocultar o modular reacciones para encajar).
Expectativa cultural de que las mujeres sean emocionalmente “contenidas pero empáticas”.
Mayor presión para regular emociones de otros, además de las propias.
El masking prolongado se asocia con:
Fatiga emocional crónica.
Mayor riesgo de burnout autista.
Desconexión progresiva de las propias señales internas.
Esto contribuye a que muchas mujeres autistas se perciban como “demasiado sensibles”, cuando en realidad están sobrecargando un sistema nervioso ya intensamente reactivo.
Sensibilidad emocional como fortaleza
Desde un enfoque neuroafirmativo, la sensibilidad emocional también puede ser:
Una fuente de profunda empatía.
Una gran capacidad de conexión emocional auténtica.
Una percepción fina de cambios emocionales en el entorno.
Una sensibilidad ética y relacional elevada.
La investigación en empatía muestra que muchas personas autistas conservan o incluso presentan alta empatía emocional, aunque puedan tener diferencias en empatía cognitiva.
Implicancias clínicas y de acompañamiento
La evidencia sugiere que los abordajes más útiles incluyen:
Entrenamiento en conciencia interoceptiva.
Desarrollo de claridad emocional.
Enfoques neuroafirmativos que no patologicen la intensidad emocional.
Reducción del masking y validación de las necesidades emocionales reales.
Programas que integran interocepción y regulación emocional muestran beneficios en la reducción de confusión emocional y estrés crónico.

La sensibilidad emocional en mujeres autistas no es un defecto, sino la expresión de un sistema nervioso que:
Procesa emociones con alta intensidad.
Integra de forma diferente cuerpo y emoción.
Ha sido moldeado por años de adaptación social forzada.
Mirarla desde la neurodiversidad permite transformar la narrativa: no se trata de “ser demasiado”, sino de ser profundamente sensible en un mundo que no siempre está diseñado para ese nivel de percepción emocional.



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