El beneficio de la desconexión digital en mujeres autistas
- Jesus Gomez Frye
- hace 11 minutos
- 3 min de lectura

Vivimos en un mundo que parece esperar que estemos disponibles todo el tiempo. Revisar mensajes, responder correos, mirar redes sociales, leer noticias, contestar comentarios y estar pendientes de las notificaciones se ha convertido en una parte casi automática de nuestra vida cotidiana.
Para muchas mujeres autistas, esta hiperconexión puede resultar especialmente agotadora. No porque deban mantenerse alejadas de la tecnología —de hecho, internet puede ofrecer comunicación más cómoda, acceso a información, comunidades y un importante sentido de pertenencia— sino porque la conexión permanente también puede convertirse en otra fuente de demandas. Una revisión sobre el uso de tecnologías digitales en personas autistas encontró precisamente esta dualidad: los espacios digitales pueden facilitar la comunicación y el sentido de comunidad, pero también pueden coexistir con soledad y otras dificultades.
Cuando estar conectada también cansa
Cada notificación puede representar una pequeña interrupción. Cada mensaje puede implicar una decisión: ¿respondo?, ¿cuándo?, ¿qué debo decir?, ¿habré sonado demasiado fría?, ¿debería contestar ahora?
Para una mujer que ya utiliza mucha energía intentando interpretar expectativas sociales, adaptarse a distintos contextos o reducir el masking, estas pequeñas demandas pueden acumularse.

Además, la investigación sobre uso problemático del smartphone ha encontrado asociaciones consistentes con ansiedad, estrés y dificultades del sueño. Un metaanálisis que incluyó 27 estudios y más de 120.000 participantes encontró una asociación moderada entre uso problemático del teléfono y síntomas de ansiedad. Otros metaanálisis también han encontrado relaciones entre el uso problemático de smartphones y una peor calidad del sueño.
Esto no significa que el teléfono cause ansiedad ni que utilizar redes sociales sea perjudicial por sí mismo. La relación es más compleja y puede funcionar en ambas direcciones: cuando estamos ansiosas podemos buscar más refugio en el teléfono, y determinados patrones de uso pueden terminar aumentando el malestar.
Desconectarse también es autocuidado
Por eso, la desconexión digital no debería plantearse como un castigo ni como una nueva regla que debemos cumplir perfectamente.
Puede ser algo mucho más sencillo:
30 minutos sin redes.
Una tarde sin notificaciones.
Una noche dejando el teléfono fuera de la habitación.
Un domingo con conexión mínima.
Un día ocasional de descanso digital.
La investigación sobre intervenciones de “detox” digital sugiere que reducir temporalmente el uso de redes sociales puede producir beneficios en distintos indicadores de salud mental, aunque los resultados todavía son variables y se necesitan estudios más sólidos.
Para una mujer autista, esos espacios pueden convertirse en una oportunidad para disminuir estímulos, recuperar atención y descansar de la disponibilidad social constante.
Y quizá lo más importante: no tienes que llenar ese tiempo con productividad.
Puedes leer, caminar, escuchar música, tomar café. Hacer una actividad relacionada con tus intereses, mirar por la ventana, dormir una siesta o simplemente no hacer nada.
Desconectarse no significa desaparecer.

Significa recordar que nuestra atención también nos pertenece.
En un mundo que constantemente nos pide mirar una pantalla, responder rápidamente y estar disponibles, apagar el teléfono durante un rato puede ser una pequeña forma de recuperar espacio para nosotras mismas.
No todo mensaje necesita una respuesta inmediata. No toda notificación necesita nuestra atención y no estar disponible todo el tiempo también puede ser una forma de cuidarnos.
Fuentes científicas
Wu, W. et al. (2024). Social anxiety and problematic social media use: A systematic review and meta-analysis.
Ansari, S. et al. (2024). Improving Well-Being Through Digital Detoxification Among Social Media Users: A Systematic Review and Meta-Analysis.
Yang, J. et al. (2020). Association of problematic smartphone use with poor sleep quality, depression, and anxiety.
Bertagnolli et al. (2023). Benefits and Risks: A Systematic Review of Information and Communication Technology Use by Autistic People.



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