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No es exageración, es desregulación emocional: comprender las emociones intensas en mujeres autistas

Foto del escritor: Jesus Gomez Frye
Jesus Gomez Frye
hace 12 minutos
9 min de lectura

Durante mucho tiempo, a las mujeres que expresan sus emociones con intensidad se les ha dicho que exageran, que son demasiado sensibles o que deberían aprender a controlar sus reacciones. En el caso de las mujeres autistas, estas interpretaciones pueden ocultar una realidad más compleja: detrás de una respuesta emocional intensa puede existir una acumulación de sobrecarga sensorial, agotamiento, ansiedad, exigencias sociales y dificultades para identificar o expresar lo que está ocurriendo internamente.

La desregulación emocional no significa que una mujer autista sea incapaz de controlar su comportamiento, que carezca de madurez emocional o que utilice sus sentimientos para llamar la atención. Se refiere a las dificultades para modular las respuestas emocionales de acuerdo con las demandas de una situación, especialmente cuando los recursos disponibles para afrontar lo que ocurre se encuentran sobrepasados.


Comprender esta experiencia no significa justificar cualquier comportamiento, sino reconocer que toda respuesta emocional tiene un contexto.


¿Qué es la desregulación emocional?


La regulación emocional comprende los procesos que permiten reconocer, comprender, expresar y modular las emociones. No significa estar siempre tranquila ni evitar los sentimientos desagradables. Una persona emocionalmente regulada también puede sentir tristeza, rabia, frustración o miedo; la diferencia está en que dispone de recursos suficientes para atravesar esas experiencias sin que interfieran necesariamente en su vida cotidiana.

La desregulación emocional aparece cuando estos procesos se vuelven especialmente difíciles. Puede manifestarse como reacciones intensas, dificultades para recuperar la calma, impulsividad, llanto persistente, bloqueo, irritabilidad o una sensación de pérdida de control sobre lo que se está experimentando.

Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2024 encontró niveles más elevados de desregulación emocional en personas autistas en comparación con personas no autistas y con algunos grupos clínicos. Sin embargo, esto no significa que todas las personas autistas presenten estas dificultades ni que la desregulación sea una característica universal del autismo. La regulación emocional depende de múltiples factores: el procesamiento sensorial, las funciones ejecutivas, la capacidad para identificar los propios estados internos, las experiencias previas y las condiciones del entorno.

Por ello, no es adecuado interpretar una reacción emocional únicamente como una falta de voluntad o de autocontrol. En las mujeres autistas, además, existen experiencias particulares que pueden influir en la manera en que se acumula y expresa el malestar.


Cuando las emociones se acumulan en silencio


Muchas mujeres autistas han aprendido, desde la infancia, a observar e imitar las conductas sociales de otras personas. Pueden esforzarse por mantener el contacto visual, modular su tono de voz, sonreír cuando corresponde, participar en conversaciones aunque estén agotadas o evitar hablar de sus necesidades para no parecer diferentes.

Este proceso se conoce como camuflaje social o masking y consiste en utilizar estrategias conscientes o inconscientes para ocultar características autistas o adaptarse a las expectativas sociales.

El camuflaje no es necesariamente negativo en todas sus formas. Algunas estrategias pueden facilitar la comunicación o ayudar a desenvolverse en determinados contextos. Sin embargo, cuando implica una vigilancia constante de la propia conducta, una renuncia reiterada a las necesidades personales o un esfuerzo sostenido por parecer neurotípica, puede generar un importante desgaste.

Las investigaciones sobre el camuflaje en mujeres autistas describen experiencias de agotamiento físico y emocional, estrés, ansiedad, dificultades relacionadas con la identidad y una necesidad intensa de aislamiento después de situaciones sociales exigentes.

Una mujer puede pasar todo el día cumpliendo con sus responsabilidades, respondiendo mensajes, trabajando, atendiendo a su familia y resolviendo problemas. Desde el exterior, quizá parezca que todo está bien. Sin embargo, al llegar a casa puede experimentar una crisis de llanto, irritabilidad, silencio, necesidad de estar sola o un agotamiento difícil de explicar. En ocasiones, la reacción no está relacionada exclusivamente con lo que ocurrió en ese momento. Puede ser la expresión de todo aquello que tuvo que contener durante el día.


No siempre se desborda por el último acontecimiento. A veces, el último acontecimiento es simplemente lo que ocurre cuando ya no quedan recursos para seguir sosteniendo la carga acumulada.

El costo de tener que parecer tranquila todo el tiempo


A muchas mujeres se les enseña que deben ser comprensivas, agradables, responsables y capaces de manejar cualquier situación sin incomodar a los demás. Cuando una mujer autista intenta responder constantemente a estas expectativas, puede terminar priorizando las necesidades externas por sobre sus propias señales internas.

Es posible que acepte cambios de planes que le generan malestar, permanezca en ambientes ruidosos más tiempo del que puede tolerar, continúe una conversación cuando necesita descansar o asuma responsabilidades adicionales para evitar decepcionar a otras personas.

El problema no es que quiera colaborar o que tenga consideración por los demás. El problema aparece cuando la adaptación se convierte en una exigencia permanente y no existe espacio para reconocer sus propios límites.

Con el tiempo, esta dinámica puede favorecer una acumulación de tensión. Las necesidades sensoriales, el cansancio, las dificultades de comunicación y el esfuerzo de mantener una determinada imagen social pueden contribuir a que una situación aparentemente pequeña desencadene una reacción emocional intensa.

La investigación sobre el camuflaje no permite afirmar que este sea la causa directa de toda desregulación emocional. Sin embargo, sí aporta evidencia sobre su relación con el agotamiento y el malestar psicológico, especialmente en mujeres autistas que experimentan una elevada exigencia de adaptación social.

Por esta razón, cuando una mujer autista expresa que ya no puede continuar, resulta importante escuchar lo que está comunicando, en lugar de evaluar únicamente la intensidad de su reacción.


¿Por qué puede resultar tan difícil identificar lo que se siente?


Para regular una emoción, primero es necesario reconocerla. Sin embargo, este proceso no siempre resulta sencillo para las personas autistas.

Algunas pueden experimentar dificultades para identificar, diferenciar o expresar sus estados emocionales. Esta característica puede relacionarse con la alexitimia, un rasgo que implica dificultades para reconocer y describir las propias emociones.

La alexitimia no es sinónimo de falta de sentimientos. Una persona puede experimentar emociones profundas y, al mismo tiempo, tener dificultades para comprender exactamente qué está sintiendo o para encontrar las palabras que describan esa experiencia.

Por ejemplo, una mujer puede decir que está cansada cuando, en realidad, está frustrada. Puede sentir dolor de estómago, tensión muscular o necesidad de llorar sin identificar que está experimentando ansiedad. También puede manifestar irritabilidad cuando lleva horas sobrecargada sensorialmente.

La investigación ha señalado que la alexitimia puede influir en determinados aspectos del procesamiento emocional en personas autistas. Por ello, es importante diferenciar las dificultades relacionadas con el autismo de aquellas vinculadas específicamente con este rasgo.

No todas las dificultades emocionales de una mujer autista se explican por el mismo mecanismo.

A veces, el problema no es que no comprenda sus emociones, sino que está experimentando demasiados estímulos al mismo tiempo. En otras ocasiones, puede reconocer lo que siente, pero no saber cómo expresarlo o qué hacer para aliviarlo.

No poder nombrar una emoción no significa no sentirla.



Sobrecarga sensorial: cuando el cuerpo también participa


Las emociones no ocurren de manera aislada. El cuerpo participa constantemente en su experiencia y regulación.

Los ruidos intensos, las luces, los olores, las multitudes, determinadas texturas o el contacto físico inesperado pueden generar malestar en algunas personas autistas. La intensidad de estas experiencias varía entre individuos y también puede cambiar dependiendo del cansancio, el estrés o las circunstancias.

Una mujer que ha dormido poco, ha tenido una jornada exigente y lleva varias horas expuesta a estímulos sensoriales puede disponer de menos recursos para afrontar una situación inesperada. En ese contexto, una dificultad aparentemente pequeña —un cambio de planes, una interrupción, una discusión o una tarea adicional— puede desencadenar una reacción intensa.

Esto no significa que el estímulo sea objetivamente grave. Significa que la capacidad disponible para tolerarlo puede encontrarse considerablemente reducida. La sobrecarga sensorial tampoco debe interpretarse como una excusa para ignorar las necesidades de la persona. Al contrario, reconocerla permite identificar cambios ambientales que pueden prevenir situaciones de malestar. En algunas ocasiones, la respuesta puede manifestarse mediante llanto, irritabilidad o aumento de la actividad. En otras, puede aparecer como silencio, inmovilidad, aislamiento o dificultad para comunicarse. No todas las respuestas de sobrecarga son visibles de la misma manera.


¿Qué relación existe entre desregulación emocional y agotamiento autista?


El agotamiento autista, conocido como autistic burnout, se ha descrito como un estado de agotamiento profundo, disminución del funcionamiento y aumento de la sensibilidad a los estímulos, asociado a la exposición prolongada a demandas que superan los recursos disponibles.

Aunque la investigación sobre este fenómeno continúa desarrollándose, los estudios emergentes y los relatos de personas autistas destacan la importancia de considerar el impacto de las exigencias sostenidas, el camuflaje y la falta de apoyos adecuados.

En una mujer autista, el agotamiento puede expresarse como una disminución de la capacidad para realizar actividades cotidianas, una mayor sensibilidad al ruido, dificultades para comunicarse, necesidad de aislamiento o una reducción de la tolerancia a situaciones que anteriormente podía manejar.

No toda desregulación emocional implica agotamiento autista, y no toda experiencia de agotamiento se manifiesta mediante crisis emocionales. Sin embargo, ambos fenómenos pueden relacionarse cuando la persona ha estado expuesta a una demanda excesiva durante un periodo prolongado.

Por eso, una mujer que comienza a reaccionar con mayor intensidad de lo habitual no necesariamente necesita esforzarse más. En algunos casos, necesita disminuir las demandas, descansar y recibir apoyos que le permitan recuperar sus recursos.

Continuar exigiendo el mismo nivel de productividad, disponibilidad y adaptación puede profundizar el malestar.


¿Cómo acompañar la desregulación emocional?


El acompañamiento debe orientarse tanto a afrontar las emociones difíciles como a reducir las condiciones que favorecen su aparición.

No existe una estrategia universal. Cada mujer tiene necesidades diferentes y lo que ayuda a una persona puede resultar insuficiente para otra.

Sin embargo, existen algunos principios que pueden favorecer una mejor regulación emocional.

1. Identificar las señales antes de llegar al límite

La desregulación no siempre aparece de manera repentina. En ocasiones, existen señales previas: tensión corporal, dificultad para hablar, aumento de la irritabilidad, sensación de urgencia, necesidad de escapar, llanto contenido o mayor sensibilidad a los estímulos.

Aprender a reconocer estas señales puede facilitar una intervención temprana.

Para algunas mujeres, resulta útil llevar un registro sencillo de situaciones que generan sobrecarga, cambios en el estado de ánimo, horas de sueño y estrategias que han resultado beneficiosas.

El objetivo no es vigilarse constantemente, sino comprender los propios patrones y reconocer cuándo es necesario hacer una pausa.

2. Reducir las demandas innecesarias

La regulación emocional no depende únicamente de las habilidades individuales. También está relacionada con las condiciones del entorno.

Disminuir el ruido, anticipar los cambios, establecer rutinas flexibles, reducir las interrupciones o disponer de espacios tranquilos puede ayudar a prevenir la sobrecarga.

En el ámbito laboral, familiar o académico, los apoyos adecuados pueden ser más eficaces que la exigencia constante de adaptación.

Una mujer autista no debería tener que llegar al agotamiento para demostrar que necesita descansar.

3. Aprender a poner límites sin sentir culpa

Para algunas mujeres, establecer límites puede resultar difícil debido al temor a decepcionar a otras personas o a ser consideradas egoístas.

Sin embargo, decir «hoy no tengo energía para esta actividad», «necesito que me avises con anticipación» o «prefiero conversar cuando esté más tranquila» puede constituir una forma saludable de autocuidado.

Los límites no son una forma de rechazo. Son una manera de comunicar las condiciones necesarias para sostener una relación o una actividad de manera más saludable.

4. Encontrar formas alternativas de expresar las emociones

No todas las personas procesan las emociones de la misma manera.

Algunas mujeres pueden sentirse más cómodas escribiendo que hablando. Otras pueden necesitar tiempo para ordenar sus ideas antes de explicar lo que les sucede.

Utilizar notas, mensajes, escalas visuales de intensidad emocional o listas de necesidades puede facilitar la comunicación.

También puede ser útil diferenciar entre lo que se siente, lo que se necesita y la acción que se desea realizar.

Por ejemplo:

  • Lo que siento: estoy frustrada y sobrecargada.

  • Lo que necesito: silencio y tiempo para recuperarme.

  • Lo que puedo hacer: retomar la conversación cuando esté más tranquila.

Estas herramientas no sustituyen el acompañamiento profesional cuando es necesario, pero pueden facilitar la comprensión de la experiencia emocional.

5. Buscar apoyo profesional informado en autismo

La psicoterapia puede ayudar a desarrollar estrategias de regulación emocional, identificar factores que contribuyen al malestar y trabajar dificultades relacionadas con la ansiedad, la autoestima, los límites o las relaciones interpersonales.

En el caso de las mujeres autistas, es importante que el acompañamiento considere las particularidades del autismo y no se base exclusivamente en la exigencia de adaptarse a las expectativas neurotípicas.

El objetivo no debería ser eliminar las características autistas ni conseguir que la persona parezca tranquila en todo momento.

Debería ser favorecer su bienestar, autonomía, comunicación y calidad de vida.


Aprender a mirarse con menos juicio


Muchas mujeres autistas han pasado años interpretando sus dificultades como defectos personales.

Pueden pensar que son demasiado sensibles, que nunca hacen suficiente o que deberían ser más organizadas, pacientes y capaces de afrontar las situaciones cotidianas.

Cuando una reacción emocional intensa se repite, puede aparecer la culpa. Después de una crisis, algunas mujeres se preguntan por qué no pudieron controlarse o por qué algo que otras personas parecen tolerar les resulta tan difícil.

Estas preguntas pueden convertirse en una fuente adicional de sufrimiento.

Comprender la desregulación emocional permite cambiar la perspectiva. En lugar de preguntarse únicamente «¿por qué reaccioné así?», también es posible preguntarse:

«¿Qué estaba ocurriendo en mi entorno, en mi cuerpo y en mi vida antes de llegar a este punto?».

Esta pregunta no elimina la responsabilidad personal, pero permite incorporar información relevante.

Tal vez existía una necesidad que no fue escuchada. Tal vez había demasiadas exigencias acumuladas. Tal vez la mujer llevaba días durmiendo mal, evitando pedir ayuda o intentando cumplir con expectativas que no eran sostenibles.

Reconocer estos factores puede ser el primer paso para desarrollar estrategias de cuidado más realistas.


No es necesario esperar a una crisis para considerar que una mujer necesita apoyo.


La prevención comienza cuando se escuchan sus necesidades, se respetan sus límites y se comprende que descansar, retirarse de un ambiente sobrecargante o necesitar más tiempo para procesar una emoción no constituye un fracaso.

Acompañar a una mujer autista no significa exigirle que sienta menos. Significa ayudarla a comprender lo que siente, ofrecerle recursos para afrontar las dificultades y construir entornos en los que no tenga que luchar constantemente contra sus propias necesidades.

Porque detrás de una emoción intensa no siempre hay una exageración.

A veces hay cansancio.

A veces hay sobrecarga.

A veces hay necesidades que no encontraron espacio para expresarse.

Y, en muchas ocasiones, hay una mujer que necesita ser escuchada antes de que se le pida volver a estar bien.

 
 
 

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